Vuelta a ver el paisaje que quedaba atrás todo pareció helado y diferente, tan ajeno como tu mirada de despedida, tan extraviado como el camino que ya transitaba hacia ese futuro que nada tenía que ver con lo que habíamos soñado, con lo que nos habíamos prometido.
No fue un adiós definitivo, no fue dicho lo que estaba ya en el aire, pero recorrí la senda de salida con la certeza pulsando en mí de que ese espejo de tus ojos ya no transmitiría, ni en luces ni en sombras, mi reflejo.




Notas sueltas 3


Me encontré hace un momento pensando en la muerte.

No es que todo el tiempo pase por este tópico, pero si lo hago bastante seguido.

Será que está allí donde uno posa la mirada en el diario vivir.

No quiero ofrecer aires de superación ni una imagen estoica de mi persona respecto a este tema. Lo contrario, tal vez. Me cubre la misma fragilidad que a cualquier ser capaz de generar empatía o afecto con el afuera.

El tema es que pensaba en la muerte y puntualmente en esa particular habilidad que tiene de hagarrarnos de sorpresa, con los calzones siempre bajos.

Esa maldita destreza de tatuarnos en el rostro una expresión algo estúpida e inmóvil. Una expresión mezcla de pasmo y fascinación, de estupor y asombro.

Ninguna muerte, ni la piadosa con aires de diva que siempre se hace rogar, ni la cruel ni la distraída que te ataja en una esquina como diciendo ¨ vi luz y subí ¨, ninguna se exime de entregarnos ese toque que nos deja dando vueltas sobre nuestro propio eje, como un trompo destinado inexorablemente a estrellarse contra el piso.

La conmoción y la congoja vienen después, quizás segundos después, pero siempre durante un instante, o días, o años, quedamos catatónicos, sin entender del todo todavía el efecto que su paso ha dejado ya instalado, cual bomba de tiempo, en la realidad, en nuestra vida y en los corazones.



¿Cuál es la salida?
¿De que caminos repetidos e inútiles queremos escindirnos?
Esta sensación vacía en qué transito y me transitan, esta superficie brillante que ciega y enraíza sin pudores.
¿Cuál es la salida del silencio opresivo, de las mañanas sin soles, sin nubes, sin aves rasgando el aire y la quietud?
Sobrevivir a nuestra propia desidia, a nuestra siempre certera noche negra.
Deberíamos valorar los pequeños espacios de luz y de calor que logramos generar en solitario, como un triunfo sobre nosotros mismos, sobre nosotros destinados a ser algo más que nosotros mismos, un reflejo, la reinterpretación de aquellos que dejan su huella al rozarnos la vida y la piel.

Así, de pronto, todo se derrumbó,

igual que un decorado.

Veloces relámpagos dibujaron mi alma,

se agrietaron mis labios,

y mis ojos se vistieron de luto.

Después, el silencio se adueñó del planeta.

Así, caminando en el aire

me robé lo que pude,

lo coloqué en mi vientre

y me quedé despierta

hasta que amaneció.

Luisa C. D´Stefano














INVICTUS

Out of the night that covers me,
Black as the pit from pole to pole,
I thank whatever gods may be
For my unconquerable soul.

In the fell clutch of circumstance
I have not winced nor cried aloud.
Under the bludgeonings of chance
My head is bloody, but unbowed.

Beyond this place of wrath and tears
Looms but the Horror of the shade,
And yet the menace of the years
Finds and shall find me unafraid.

It matters not how strait the gate,
How charged with punishments the scroll,
I am the master of my fate:
I am the captain of my soul.

William Ernest Henley








INVICTUS

Desde la noche que sobre mi se cierne,
Negra como el insondable abismo,
Agradezco a los dioses si existen
Por mi alma inconquistable.


Caído en las garras de la circunstancia
Ni me he estremecido ni llorado en voz alta
Bajo el vapuleo del azar
Mi cabeza sangra, pero erguida.


Más allá de este lugar de cólera y lágrimas
Surge el horror de la sombra,
Y sin embargo la amenaza de los años
Me encuentra y me encontrará sin miedo.


No importa cuán estrecha sea la puerta,
Cuán cargada de castigos la sentencia.
Soy el amo de mi destino:
Soy el capitán de mi alma.

William Ernest Henley


Tengo fe en las reglas claras, las cuentas claras, las miradas transparentes.
Tengo fe en los afectos, en los que amo y los que me aman.
Tengo fe en las segundas y en las terceras oportunidades.
Tengo fe que la nada absoluta e irresoluble de la muerte se puede combatir en la memoria de los otros. ¿Qué somos sino el eco del contacto con el otro, qué somos sino la brisa, el tacto, el suspiro, el calor de la mirada de los demás que nos da forma?
Tengo fe en el coraje de los valientes ignotos que bregan por sus seres queridos cada día.
Tengo fe en los signos que iluminan el pensamiento, en la búsqueda de respuestas, en el camino que se enriquece con el saber.
Tengo fe en la verdad, en las certezas que nos sostienen.
Tengo fe en tu fe, en tu canción, en tu manera de comprometerte.
Tengo fe en las personas que transitan su camino para florecer en el recorrido, para florecer en algo nuevo y superior sin importar realmente cuál sea su destino.
Tengo fe en los milagros cotidianos, en los abrazos imprevistos, en los gestos de respeto de los que no nos conocen y en los de aliento de los que han sido testigos de nuestra lucha diaria.
Tengo fe en las palabras y en los silencios, esas palabras y esos silencios que fluyen como el agua mansa, que nos protegen de dolores inservibles, que nos evitan el derrumbe del espíritu.
Tengo fe en que la riqueza que nos dan los amigos es indestructible.
Tengo fe en tantas cosas que, con Dios o por Dios o sin él, no puedo no considerarme creyente.
Tengo fe en tu esperanza y en tus sueños, aquellos que nunca le has contado a nadie y los que has compartido conmigo.
Tengo fe en el honor que me da tu amistad y tu cariño, tengo fe en tu mano aferrándome en la caída.
No importa que tempestades se desaten en mi futuro, por qué vaivenes me llevarán las circunstancias yo puedo enfrentarlas,
voy abrigada con mi fe.



















Debería llorar pero ya estás lejos
solo la pesadumbre opaca envuelve mis gestos.
Es un cansancio viejo, tardío, marchito,
sediento de mariposas como de recuerdos nuevos.
Me ocupo en volver la vista por mi hombro
y ya no encuentro más
que los restos de mi propia batalla
de juegos que únicamente pude jugar a solas.
Por eso hoy paso frente al espejo de este eco
que me llega como un mano amiga
y aunque debería llorar
permanezco en estado de mármol
escupiendo memorias saturadas
de rechazos en jaurías,
etiquetando postales anaranjadas y amarillas
que se funden en un mapa a mis espaldas.
Debería llorar pero de lo que queda de mí
algo sigue vivo
sin resignarme al hastío demoledor
a los tules que envuelven con olor a podrido.
Desgastada el alma se yergue
en discontinuos espasmos
anticipando una esperanza, un abrigo, un mensaje futuro.
Por eso ya no pregunto inútilmente
no me lanzo a la búsqueda
de tus respuestas como círculos,
espero junto a la letanía de aquellos soles que envenenan
un atisbo, un milagro detenido,
una palabra, una certeza,un desvío,
el signo del recorrido que me lleva a diferenciar caminos
que me cuenta con reparadora sutileza
que este es el último poema que te escribo.